Seguir soportando también es una decisión
Hoy es 24/12, Nochebuena.
Y no puedo creer lo rápido que pasó este 2025.
Estas fechas suelen invitarnos a frenar un poco, a bajar el ritmo y a reflexionar.
Por eso sentí ganas de dejar esta reflexión por acá y compartirla.
Este fue un año que me llevó a tomar decisiones difíciles.
Decisiones que implicaron cambios reales en mi vida, incluso tener que radicarme en otro lugar y reorganizar muchas cosas desde cero.
Y no hablo desde un lugar ideal ni desde una teoría.
Hablo desde la experiencia.
Porque tanto en lo personal como en lo profesional, hay momentos en los que la vida nos pone frente a decisiones que no queremos tomar.
No porque no sepamos qué hacer, sino porque decidir implica algo incómodo: hacernos responsables.
Responsables de elegir.
Responsables de asumir las consecuencias.
Responsables de sostener lo que viene después.
No importa la edad que tengas —30, 40 o 60—, siempre hay decisiones que cuestan.
Y no te juzgo por eso.
De verdad.
Porque lo entiendo.
Decidir es difícil.
Por eso se llaman decisiones difíciles.
Y muchas veces, en lugar de decidir, elegimos soportar.
Soportar un trabajo que ya no nos hace bien.
Soportar un rol que no nos representa.
Soportar el cansancio, la desmotivación, la sensación de estar apagadas.
No por falta de capacidad ni de talento, sino por miedo a movernos del lugar conocido.
Y sin darnos cuenta, el tiempo pasa.
Seguir soportando también es una decisión.
Una decisión silenciosa, pero decisión al fin.
Y no lo digo para señalar ni para culpar.
Lo digo porque crecer implica incomodarnos.
Ahí es donde maduramos.
Ahí es donde empezamos a liderar nuestra propia vida.
Porque todo liderazgo, incluso el personal, requiere tomar decisiones que no son cómodas.
En lo profesional esto se ve todo el tiempo.
Personas con experiencia y recorrido que saben que así no quieren seguir, pero postergan el cambio porque “no es el momento”, porque “no están seguras”, porque “después ven”.
Cambiar de rumbo, reposicionarse o animarse a construir algo distinto no es impulsividad.
Es responsabilidad.
Y sí, crecer es incómodo.
Pero no hay crecimiento real sin salir de la zona de confort.
Por eso hoy, cuando brindes, te invito a una pregunta simple y honesta:
¿qué decisiones estás postergando por no querer hacerte responsable?
Tal vez ahí esté el aprendizaje más grande de tu vida.
El que te dé más claridad.
El que te fortalezca.
El que te acerque a una vida profesional más coherente con quién sos hoy.
No para resolver todo ahora.
No para decidir todo hoy.
Sino para empezar a mirarlo con verdad.
Porque reconocerlo parece duro.
Pero es un acto de honestidad con una misma.

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